Residencia

El edificio que alberga a las alumnas internas fue proyectado por los arquitectos Ignacio y Manuel de las Casas, con capacidad para 120 residentes. Se inauguró en 1977 y fue la primera de las nuevas construcciones que cambiaron, en parte, el aspecto externo del Colegio.

El pabellón mantiene la idea de un dormitorio colectivo, pero en él las alumnas pueden tener mayor independencia en habitaciones dobles. No es realidad un edificio de tres plantas, sino un único volumen que permite tres niveles, conjugando una cierta privacidad con la vida común, para lograr un ambiente familiar.

Hasta hace poco las internas procedían de pueblos relativamente cercanos a Talavera. Ahora vienen de Navarra, Barcelona, Córdoba, Sevilla, Valencia y hasta de Austria o Guinea Ecuatorial. Las nuevas tecnologías de la comunicación hacen que el colegio pueda ser conocido en lugares muy remotos.

¿Por qué unos padres se plantean traer internas a sus hijas? Muchos buscan un nivel académico porque la oferta educativa más cercana no les convence. Otros quieren explícitamente la orientación y el proyecto educativo que nosotras brindamos. En muchos casos piden ayuda para
educar porque sus horarios, sus trabajos u otras circunstancias hacen que las niñas pasen tiempo solas y ven el riesgo de los móviles, de malas influencias… Y siempre advertimos que no puede ser un castigo. El internado tiene que ser una gran familia en donde hay exigencia, pero también alegría, seguridad. No se puede venir obligada.

Nuestro internado es exigente, pero no es riguroso. Somos sinceras y explicamos a la niña lo que se va a encontrar: un horario, ratos de diversión, pero también de estudio personal, control de teléfono, asignación de pequeñas tareas y responsabilidades, austeridad… Pero no se trata de unas normas frías que se imponen. La disciplina no es un fin, sino un medio para lograr el orden y el ambiente que haga posible el crecimiento de la persona. Y en la aplicación hay que ser gradual, prevenir más que castigar…

Las alumnas se educan estando juntas. Esto es una escuela de vida: hay que compartir, comprender, adaptarse, abrir la mente a otros modos de ver… El día a día hace crecer. Lo vemos especialmente con las niñas que permanecen aquí los fines de semana. Se ha creado una comunidad
variada y enriquecedora con nuevas oportunidades para convivir y forjarse en una sana diversidad. Tienen un horario que abarca desde el bricolaje a la cocina, pasando por la música o el baile. 

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