El monumento funerario del cardenal Loaysa es obra del escultor borgoñón Felipe Bigarny. Fue Juan Nicolau Castro el primero en sugerir esta atribución, que después ha sido confirmada por los estudios del profesor Vasallo Toranzo sobre el testamento del artista.
Felipe Bigarny (1475-1542), aunque originario de Langres (Borgoña), estableció su taller en España, donde intervino en importantes obras por toda la Corona de Castilla y de Navarra, con lo que llegó a manejar varios talleres simultáneamente y alcanzó una buena posición socioeconómica. Está considerado como uno de los más insignes escultores del Renacimiento español. Falleció repentinamente en Toledo, en las dependencias de la catedral de la Ciudad Imperial donde tallaba parte de la sillería del coro. Por lo tanto, no nos extraña que fuera el autor del magnífico sepulcro de un personaje tan insigne de la época como fue el cardenal Loaysa y en una ciudad tan cercana a Toledo como es Talavera de la Reina.
En su testamento, Bigarny señalaba que tenía una deuda con un relojero de Burgos llamado Pedro de Izaga, por ciertos escudos de bronce que había hecho para algunas sepulturas. En concreto, dice la trascripción del profesor Vasallo que “el dicho maestro Pedro hizo otros tales [escudos] para la sepultura del cardenal obispo de Çigüenza [el cardenal Loaysa], destos yo les di veynte e quatro ducados”. Por lo tanto, no hay duda de que el autor del sepulcro de Loaysa fue Bigarny.
Podemos intuir que el sepulcro comenzó a ejecutarse poco después de empezar las obras en el convento de Talavera (los dominicos llegaron en 1520) y se acabó antes de 1534, que comienza la elaboración del sepulcro del obispo de Osma, González Manso, que hizo siguiendo las trazas del de Loaysa.
En su escultura funeraria el cardenal, en posición yacente, viste de pontifical, esto es, con casulla, alba, capa pluvial por encima de los hombros, guantes en las manos con anillos en los dedos y mitra en la cabeza. La vestidura de pontifical incluía báculo y libro sagrado, que en ocasiones no llevaba el difunto sino figuras auxiliares. En su estado actual estos dos elementos no se ven representados en la escultura del cardenal García de Loaysa, lo que nos hace pensar que en su origen fuesen dispuestos sobre el lecho.
Fuente: Archivo ONS Talavera
Sus vestiduras se decoran con gran minuciosidad, como corresponde a una obra del plateresco. En este sentido, destaca la rica pedrería que se inserta en la mitra y la casulla. Sobre esta reposan las manos juntas del cardenal, en actitud orante, perpetuando así su oración en el tiempo.
Fuente: Archivo ONS Talavera y Wikipedia
Del antiguo rostro solo se conserva el cabello que sobresale por debajo de la mitra a modo de pequeños mechones que circundan la cabeza. Descansa esta sobre dos cojines ricamente decorados.
Fuente: Archivo ONS Talavera
A la cabeza del sepulcro estaría colocado un escudo de bronce con las armas del cardenal. Bajo los pies calzados zapatos bordados, sí se conserva una venera igual a la que remata la hornacina del sepulcro de sus padres, como ya dijimos. En ella está la cartela funeraria con la inscripción: ILLVSTRISSIM. HIC. JACET. GARSIAS. A. LOAYS. HISPL. CARD. SVPREMI. INQVISITIONIS. SENT. NEC. NON. REGII. INDIAZ. CONSILII. PRESIDES. GLIS. Q. HISPANIE. COMISSARI. OBIIT. ANNO. DO. M.D. XLVI.
Fuente: Wikipedia
La actitud yacente del difunto se generaliza en el arte funerario cristiano a partir del siglo XIII. Con esta postura se muestra al personaje en la postura propia de quien está muerto; sin embargo, presenta rasgos, como la disposición de los vestidos, que plantean si más bien está vivo. En concreto, en la escultura de García de Loaysa se observan los pliegues de su ropa no cayendo sobre el lecho sepulcral, sino dirigidos hacia los pies, como si estuviese de pie. De algún modo se quiere reflejar así la fe en que el alma está viva, y que el cuerpo se levantará en el día de la resurrección final.
Fuente: Archivo ONS Talavera
De la cama del sepulcro, hoy desaparecida, no ha llegado ninguna descripción, pero el hacer propio de los Bigarny y los ejemplos de escultura funeraria exenta de esa época, pueden llevarnos a una aproximación de su configuración inicial. En concreto podemos creer que sería semejante a la que pertenece a la sepultura del sucesor del cardenal Loaysa en el obispado de Osma, don Pedro González Manso. Esta obra, situada en el claustro de San Salvador de Oña (Burgos), tiene la cama de jaspe rojo, sin tallar (debido a la dureza del jaspe) y con forma de pirámide invertida.
Fuente: https://www.facebook.com/Monasteriodeona/ y Archivo ONS Talavera
El mármol rojo o jaspe procedería de las canteras de Espejón (Soria). Felipe Bigarny lo estimaba por su dureza y colorido y lo utilizaba para las sepulturas y las pilastras, que combinaba con el alabastro. De hecho, los principales sepulcros producidos por Bigarny en la década de 1530 emplean, de forma habitual, camas de Espejón que se combinan con las delicadas figuras yacentes de los difuntos, realizadas en alabastro, algunas de las cuales se cuentan entre los mejores ejemplos de su producción. Entre estos destacan el ya dicho sepulcro de Pedro González Manso en el monasterio de San Salvador de Oña, el desaparecido de fray Alonso de Burgos en el colegio de San Gregorio de Valladolid y, por supuesto, el sepulcro del cardenal Loaysa, en la capilla de la Compañía de María de Talavera de la Reina.




