Aunque la Compañía de María ha sido y es un colegio para niñas, hubo unos años en los que en el colegio de Talavera de la Reina había alumnos varones. Fue, aproximadamente, desde la década de 1960 hasta finales del siglo pasado. Su permanencia en el colegio duraba generalmente estaba hasta que hacían su primera comunión.
En los años sesenta del siglo XX la zona de los niños estaba separada de la de las niñas. Las clases estaban al norte de la iglesia, en lo que originalmente estaba destinado a ser el piso segundo de la casa de doña Elena de la Quintana, la fundadora, que no llegó nunca a habitar. Después de ser la clase de los niños se convirtió en “internadito”, es decir, residencia para las internas más pequeñas.
Fuente: Archivo ONS Talavera
La escolarización comenzaba entre los cuatro y seis años. Una de las madres se encargaba de enseñar a los más pequeños el abecedario, las sílabas y los números con fichas coloreadas y una pizarra. En cuanto adquirían estos conocimientos pasaban a la clase contigua, la de los medianos, a cargo de la madre María Blázquez, que luego fue carmelita en Arenas de San Pedro. Los medianos ya comenzaban con los cuadernos Rubio de caligrafía y cuentas y en la clase de los mayores empezaban los cuadernos de problemas.
Fuente: Archivo ONS Talavera
Por supuesto, todos también aprendían las oraciones y el catecismo, pues la enseñanza de las verdades de la fe y las virtudes cristianas siempre ha sido uno de los pilares del colegio.
Fuente: Archivo ONS Talavera
El uniforme en los años sesenta consistía en un pantalón corto azul marino y camisa blanca con pajarita al cuello del mismo color que el pantalón. Encima de la camisa, llevaban un jersey gris cerrado, de punto y con cuello de pico, y para concluir calcetines blancos y zapatos Gorila marrones con cordones.
Fuente: cortesía de Ángel Pedro Gómez Pazos
A los alumnos aventajados se les ponían sobre el jersey, estrellas doradas de seis puntas montadas sobre una cartulina azul marino; una, dos, o tres, pues eran copia exacta de las graduaciones de alférez, teniente y capitán del Ejército español de la época.
Cuando ya se construyeron las aulas de Infantil en un pabellón aparte, tal y como están hoy, los niños pasaron a compartir las aulas de las niñas.
Fuente: Archivo ONS Talavera
También cambiaron el uniforme con el fin de igualarse más al que llevaban las niñas. El pantalón seguía siendo corto y azul marino, pero la camisa comenzó a ser de rayas azules. El jersey también se asemejó al de las niñas: azul, de punto y con cuello de pico. Y, por supuesto, calcetines azules.
Fuente: Archivo ONS Talavera




Un comentario
Muchas gracias por acordaros de nosotros y de mí en concreto; aquellos pitufines éramos la «Sección Masculina» de la época, en el Colegio.
Efectivamente «Santo Domingo» fue durante muchos años mixto, pero sin mezclarnos con las chicas, pues teníamos aulas y patios distintos, e incluso entrábamos desde la calle por puertas diferentes.
Casi siempre íbamos al Colegio juntos los hermanos de la familia, de la mía fuimos mi hermano J.Carlos y yo, luego entraría nuestra hermana Marian; esto era costumbre en los hogares en que nuestras madres habían sido antiguas alumnas.
Había cierta rivalidad con las Agustinas, otro gran Colegio al que fueron algunos primos míos. Yo mismo acabaría siendo agustiniano pero en El Escorial, pese a los desvelos de la añorada Madre Díez por acercarme a los Jesuitas, versión masculina de la Compañía de María.
Acabados los dos o tres años de «Santo Domingo» muchos pasábamos a los Maristas del Colegio viejo frente al actual Mercadona del Paseo del Muelle, después de hacer la Primera Comunión en la preciosa Iglesia del Convento; a mí me tocó de compañero Samuel Ortega que lo era también de pupitre.
Tiempos muy bonitos aquellos con las pacientes monjitas, en especial la querida Madre Blázquez a la que seguiría visitando ya como Carmelita en Arenas de San Pedro.
No nos olvidamos de Aniano el paciente chófer de los dos autobuses ruteros por Talavera que conocí, y es que nosotros estrenamos el azul y gris allá por el año 1963, ya en la clase de los Mayores, superado el parvulario y la clase de los Medianos.
A los buenos alumnos efectivamente se les premiaba con unas estrellas doradas que se prendían, incrustadas en un parche azul, en la delantera del jersey gris de lana que picaba como una ortiga; lo de que las estrellas fueran idénticas a las de los militares algunos lo sabíamos por tener familia en la Guardia Civil o el Ejército. De mi promoción Alfonso Sanz, hoy sacerdote y también hermano de la Madre Ana, y Chus Moreno vuestro profesor q.e.p.d (ambos 10 años compañeros míos en Maristas), siempre llevaban una o dos estrellas; éstas no eran permanentes, había que ganárselas y conservarlas con buena aplicación y comportamiento: éramos demasiado pequeños para pedirnos otros méritos.
Quedan muchas anécdotas que prefiero dejar a otros compañeros pues yo ya me extendí demasiado.
«Quedad con Dios».