La familia Peñalosa de la Quintana

Los fundadores de la Compañía de María en Talavera fueron un matrimonio extraordinario, el formado por don Juan Nepomuceno de Peñalosa y doña Elena de la Quintana.

Los padres de don Juan fueron Felipe María de Peñalosa y Meléndez de Ayones, muy vinculado a los duques de Alba, y Francisca de Paula de Contreras Girón y Mencos, hija del marqués de Lozoya. Se trataba, por tanto, de una familia muy vinculada a la nobleza.
Don Juan nació el 16 de mayo de 1832 y fue bautizado dos días después en la iglesia de San Facundo, de Segovia, templo hoy desaparecido. Fue recibido en la Junta de Nobles Linajes de Segovia en 1834, fue oficial de Caballería y maestrante de Sevilla desde 1859. Esta tradición provenía de su padre, pues también don Felipe había sido maestrante de Sevilla.

La familia de doña Elena, por su parte, era de origen vizcaíno. Su padre, don Pedro Quintana Humarán, era natural de Arcentales y se casó con su sobrina Felipa María Quintana Osante, que había nacido en Balmaseda. De este matrimonio nacieron tres hijas: Elena, Casilda y Ramona. Elena nació en Londres en 1838, no sabemos si por negocios familiares o por su apoyo al carlismo.

Con estas raíces, se entiende bien que el matrimonio formado por don Juan y doña Elena se codease con miembros de la nobleza y de la política. Así, por ejemplo, sabemos que sus retratos los hizo Ángel María Cortellini, pintor de la Corte. O que entre los testamentarios de doña Elena hubiera algún miembro de la nobleza, como el marqués de Vadillo, destacado personaje durante el cambio de siglo.

Los Peñalosa de la Quintana poseían una considerable fortuna en tierras y bienes. Vivían en Madrid, en la calle Mayor, número 78, aunque doña Elena de la Quintana aparece domiciliada en el número 112 en sus primeros testamentos.

El 9 de octubre de 1861 tuvieron la dicha de tener una hija, Conchita, a la que cariñosamente llamaban “Monigotín”. Pero la niña enfermó a los seis años. Una amiga de la familia Peñalosa escribió a la madre Inés de Rivas, priora del convento de la Compañía de María en Tudela desde 1863, para encomendar a sus oraciones la salud de la niña. La priora les envió como respuesta una estampa de la venerable Juana de Lestonnac con el fin de que la aplicaran al cuerpo de la enferma y pidiesen el milagro de su curación. Esto es debido a que, cuando la madre Inés envió la estampa, las casas de la Orden de Nuestra Señora esperaban ardientemente que se produjera el milagro necesario para su glorificación, ya que aún no había sido beatificada.

Retrato de Concepción Peñalosa.
Fuente: Archivo ONS Talavera

El milagro no se produjo y Conchita murió el 6 de agosto de 1867. Después del fallecimiento de la niña, el matrimonio decidió consagrar una parte de sus bienes a la fundación de un colegio religioso para la educación de las jóvenes en la provincia de Toledo. No sabemos cuándo tomaron la decisión, pero sí que fue de ambos y anterior a 1891, ya que doña Elena nombra la fundación en el testamento que realizó dicho año.

Esquela de la niña Conchita Peñalosa.
Fuente: Archivo ONS Talavera

El padre Félix López Soldado, jesuita, era el confesor de los Peñalosa y a él le comunicaron el proyecto, con el encargo de ponerse en contacto con las madres de Tudela para pedir su consentimiento. Las monjas solicitaron consejo a “personas sabias y prudentes” e informaron a los donantes de cuáles eran las condiciones que debían cumplirse para hacer factible la fundación. Doña Elena aceptó -su marido había muerto el 20 de marzo de 1892, a los 59 años de edad- y sólo pidió para sí unas habitaciones personales en el colegio, mientras viviese.

Certificado de admisión a la Congregación de Madres Cristianas de doña Elena.
Adviértase que hacia más de veinte años de la muerte de su hija.
Fuente: Archivo ONS Talavera

Parece que doña Elena pretendió, en un principio, que la fundación tuviese lugar en Toledo. De su madre, doña Felipa, sabemos que era “paisana de Toledo” y poseía varias fincas en la provincia y la propia fundadora habla de Toledo como “su país”. De hecho, en su testamento dejó en herencia a su hermana Ramona las dehesas de Alamedilla, en Mazarambroz, y El Sotillo, en Ventas con Peña Aguilera. Esta hermana suya se casó con el conde de Casal, y entre sus descendientes se encuentra el conde de Mayalde, don José Finat, por lo que es posible que la dehesa de El Castañar fuera una de las propiedades de doña Elena.

Palacio de El Castañar, en Mazarambroz, en una de las dehesas de las que probablemente fue propietaria doña Elena de la Quintana.
Fuente: https://www.escapadarural.com/

Sin embargo, las religiosas de Tudela prefirieron que la fundación fuese en Talavera de la Reina. La ciudad contaba entonces con la presencia de la Compañía de Jesús, lo que garantizaba la asistencia espiritual de la comunidad, ya que al haber tomado santa Juana la espiritualidad de san Ignacio de Loyola, las religiosas solían ser atendidas por los jesuitas.

La importancia que se concedía a este hecho queda confirmada por la correspondencia que mantuvo don Juan Soldevila, obispo de Tarazona y administrador apostólico de Tudela, con el cardenal Sancha, arzobispo de Toledo, algunos años después, cuando se llevaron a cabo los trámites de la fundación, pues cuando las monjas llegaron en 1899, la Compañía de Jesús había sido expulsada de la ciudad por el motín del Pan producido el dos de mayo de 1898. Los obispos de Tarazona y Toledo se escribieron por este motivo, con la preocupación de que faltaran religiosos que atendieran espiritualmente a las monjas.

Iglesia de Santa Catalina, que estuvo regida por los jesuitas hasta su expulsión por el motín del Pan.
Fuente: https://realdesanvicentepuebloconencanto.blogspot.com/

Además, parece que no fue la primera vez que la Compañía de María intentaba establecerse en la Ciudad de la Cerámica. Años antes, la ilustre talaverana doña Joaquina García Santander había tenido la idea de fundar en su ciudad un colegio dirigido por religiosas de la Compañía de María, pero se le adelantaron los señores de Peñalosa. Entonces decidió erigir un colegio de Padres Salesianos para niños, pues la educación femenina ya estaba atendida por las hijas de santa Juana.

Doña Elena se vinculó a este proyecto que fue su última voluntad que todos sus bienes se invirtieran “en la construcción y edificación de una casa de enseñanza para educación de niñas dirigida por religiosas de la Compañía de María, vulgo de la Enseñanza, según su orden y Estatutos, semejante a la que tienen en Tudela de Navarra. Que la expresada casa de educación o de enseñanza se ha de construir o edificar sobre el edificio llamado exconvento de Santo Domingo que con su iglesia y huerta ha comprado la otorgante en la ciudad de Talavera de la Reina”.

Caja que perteneció a doña Elena, en la que pueden verse sus iniciales.
Fuente: Archivo ONS Talavera

Doña Elena buscaba, pues, el establecimiento de las religiosas según su carisma. Esta afirmación desacredita los términos de la fundación que exponía don Ildefonso Fernández en su Historia de Talavera. En esta obra se dice que se llamará Fundación Peñalosa, cuando lo que quiere la donante es un colegio de la Compañía de María. Además don Ildefonso recoge que será destinado principalmente a las niñas pobres, mientras que ese no es el fin del Instituto, que pretende la educación de las jóvenes, sin distinción de clases sociales. La fundadora, pues, dejaba libertad a las religiosas para que establecieran el colegio según su carisma y sus Constituciones.

Doña Elena, advertida por los acontecimientos desamortizadores del siglo XIX, quiso dejar bien claro cuál era su voluntad con respecto al destino de sus bienes. Por eso declara que si “el Estado hubiera de incautarse de esta casa de enseñanza, (…) entonces es su voluntad que de el expresado edificio, rentas, bienes y cuantos objetos se contengan en el mismo (…) se incaute el señor arzobispo (católico) de la diócesis de Toledo, y (…) lo destinará a colegio instituto o establecimiento de enseñanza que permitan las leyes de España”. Por si las religiosas de la Compañía de María renunciasen al legado, da a sus testamentarios facultades para que designen una “corporación o congregación de religiosas de análogos o parecidos fines en cuanto a la educación de niñas”.

Placa situada en la entrada interior del colegio.
Fuente: Archivo ONS Talavera

 Doña Elena no pudo ver cumplido su deseo de ver establecido el colegio, pues falleció el 20 de marzo de 1898, un año antes de que llegara la Compañía de María a Talavera. Curiosamente, falleció el mismo día y con la misma edad que su esposo. Ambos fueron enterrados en la catedral de La Almudena, en Madrid, aunque posteriormente se cumplió su última voluntad de ser enterrados, junto con su hija, en la Compañía de María, la obra educativa fruto de su espléndida generosidad.

Sepulcros de la familia Peñalosa de la Quintana en la iglesia de la Compañía de María.
Fuente: Archivo ONS Talavera

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